Un 23 de mayo
Vacío, aburrimiento y el consuelo de amigos cercanos que en realidad sabían a poco, ese era el resumen de su vida. Se levantaba cada día con una sonrisa, animado por la posibilidad de vivir cosas nuevas en el día que se le presentaba. Desayunaba algo mientras charlaba con su padre, bromeando sobre algún jugador de baloncesto o futbol, se despedía silenciosamente de su madre, que aún dormía, y se subía al autobús que lo llevaba a clase. En cierto modo, era feliz.
Allí se encontraba con su amiga Marta, muy tranquila por el examen que tenían ese mismo día los que estaban aprendiendo italiano. Como cada día, charlaban un rato sobre temas de deberes, trabajos y, al final, de temas algo más personales. Se bajaban del autobús y emprendían su camino por la larguísima calle que llevaba hasta la puerta del centro escolar. Durante el camino más compañeros se iban uniendo a ellos. Javier, Celia, Alejandro... Iban acercándose uno a uno y formaban un grupo cada vez mayor, riendo y comentando tal o cual manía de un profesor que les caía mal a todos.